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Píldoras de crudeza (Para La Crónica de Salamanca)

En estos días se han hecho públicos varios estudios sobre violencia en adolescentes y sobre abusos a menores que serían parte de una película de terror sino fuera porque es la pura realidad de quienes lo viven. Siempre he considerado que vivir con miedo es una de las peores experiencias que puede vivir alguien por encima de mucha otras que serían ya de por sí una tremenda pesadilla.

 

Que la violencia sexual ejercida hacía menores haya aumentado en la última década un 300,4 % , ya dice mucho de la sociedad enferma que habitamos. Así mismo que a través de nuevas tecnologías, abusos como el grooming lideren el ranking con un 36,75% de crecimiento anual y el sexting con un 25% venga pisando los talones es para pensarse el uso que se hace de la educación digital y sobre todo, si se educa en ellas a menores que deberían de recibir esa formación prácticamente desde que salen de la cuna.

Siempre hemos sido tardíos y lentos en todo y ahora eso es más que evidente, por mucho que este País intente hacer alarde de competencias en las que debería de llevar años de permanencia.

 

Si hay algo que me asusta al leer este tipo de estudios son las dificultades que las victimas encuentran a la hora de interponer una denuncia. Demostrar un abuso es realmente difícil y si no hay marca física resulta prácticamente imposible. Dentro de esas dificultades esta también lograr apoyo incluso en el entorno cercano que muchas veces niegan la realidad por cuestiones sociales o familiares, con lo que las denuncias se diluyen mientras la crudeza de la vida diaria da paso a una pesadilla difícil de digerir para quien tiene que convivir con ello.

 

No es fácil dar ciertos pasos cuando sabes cuales serán las dificultades que el sistema y la sociedad te va a poner, pero se deben de dar, aunque los muros sean difíciles de escalar ya que los precedentes sientan las bases de un futuro. Para ello, facilitar la burocracia y el acceso a los medios de los que se dispone debería de priorizar ante normativas obsoletas y rancias que deberían de valorar si realmente cumplen el cometido para el que se crearon.

 

Nos enfrentamos a diario a píldoras de crudeza, pero también a infancias y adolescencias rotas que cuando hacen su aparición en público tienen tras de sí una historia oscura y llena de lágrimas mientras la vida continua y el mundo da vueltas sin pararse para poderse bajar de él a tiempo .

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