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La caja de Pandora

Hay historias que perduran en el tiempo y se vuelven eternas a través de los libros. Otras en cambio son reales, se vuelven eternas por el tiempo y la crueldad que perduran en una historia que a duras penas resulta enrevesada de contar.

 

Hace ya un tiempo, una persona me dijo que simplemente buscaba un final feliz, de esos que aparecen en los libros y en los que todo el mundo sonríe y no tiene más preocupaciones.

Les aseguro que hubiera dado lo que poseía por buscar ese libro y regalárselo, por buscar ese final feliz que tanto y tantos ansiamos.

 

No es la primera vez que se lo escucho a alguien, tampoco será la última, pero si estoy segura de que todo tiene un final, aunque no sea para todos y todas igual de feliz.

 

También para algunos y algunas ya será tarde. Ya sabemos como van algunas cosas cuando media la burocracia.

 

La semana pasada el Congreso aprobó en España la Ley de Protección y la Infancia, conocida como La Ley Rhodes, que Naciones Unidas pidió a nuestro país hace 12 años.

 

Demasiado tiempo, el que se ha tardado en aprobar una Ley, que debe proteger a los menores y supone un antes y un después de ciertas instituciones que tendrán que readaptarse a la situación y buscar la manera de hacer las cosas.

 

Y es aquí cuando me surgen dudas, viendo lo que la Ley en sí, implica y supone, pero no puedo ocultar mi satisfacción sabiendo que ciertas personas podrán por fin cerrar la puerta y buscar ese final.

 

Abrir la Caja de Pandora y exponerle al mundo la realidad de lo que está pasando, a veces supone tener que buscar en el fondo de la caja a Elpis, ese Espíritu de la Esperanza, que quedo solamente en el fondo al abrir la caja.

 

Queda por delante mucho camino para tratar de recoger todos los males que escaparon de la caja que abrió Pandora y aunque el ejemplo en la mitología griega sea leyenda, en realidad seguimos conservando la esperanza que selle el destino de niños, niñas y adolescentes y garantice la felicidad y el bienestar que todos y todas merecen.

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