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En el Centro de la Diana

Anonadada me quedé por instantes, después de que llegara a mí, un comentario sobre gordofobia que me llevo al kit de la cuestión. Cierto programa y cierta presentadora hacían chanza sobre la ultima moda en Japón. Hablaban del alquiler de ‘gordos’ y como chiste se sugería ponerse a su lado para ‘sentirse mejor’.

 

Comentarios muy desafortunados los realizados en un programa de entretenimiento, que he de decir que no es de mi interés y burla no entendida por parte de una persona que se ha visto con ese problema en más de una ocasión. Burlas y chistes a costa de personas, no se les olvide que detrás de los kilos y el morbo de la noticia, en un país donde no sorprende nada, hay personas que se sintieron bastante mal viendo como eran la ‘diana’ de un escarnio público.

Irónicamente después de los chistes, vinieron las disculpas, cuando en las redes les caía ‘la del pulpo’ y se hablaba de gordofobia. Con esas disculpas también se habla de aprendizaje y empatía, mientras se lucia vestido etiquetado. Déjeme decirle que la empatía, no es eso, es bastante más y no todo el mundo puede entenderla, aunque parezcan conocerla.

 

En esos comentarios, había de todo, mayoritariamente gente que reprochaba la actitud, pero resulta curioso que alguno y alguna con desprecio ‘recetasen’ dieta sana y ejercicio.

 

¡Cuantos ‘expertos’ en la vida de los demás hay en este país!

 

Pues déjame deciros campeones, que detrás de los kilos de mucha gente, hay enfermedad y no vicios y que posiblemente la dieta sana forme parte de su vida desde hace años. También el ejercicio que su cuerpo o su enfermedad le permita, pero dar consejos es gratis y reírse de los demás parece ser que también.

 

Y puestas las cosas en su sitio, he de decir que este tipo de cosas no ayuda, que muchos niños, niñas y adolescentes son acosados por esos kilos de más o de menos, aunque no existe perfiles y a cualquiera le puede tocar. Ese tipo de comentarios pueden derivar en problemas de salud, educativos y sociales en menores.

 

También en adultos, a los que habría que añadir los laborales.

 

Como se puede ver, la palabra y las muecas pueden hacer estragos en cualquier persona, en cualquier lugar y a cualquier edad.

 

El respeto que piden hay que ganárselo y aunque errores tenemos todos, medir las palabras y sus consecuencias es un arte que no todo el mundo practica.

 

Y acabando, mi recuerdo en unos días tristes, en las que el maltrato volvió a hacerse fuerte y nos dejó los peores finales para Kira, Yaiza, Rocío, Anna y Olivia, todas menores, víctimas de diferentes violencias con el mismo objetivo y lamentablemente con un mismo final.

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